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Santas, Vírgenes y Santos

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San Agustín de Hipona, padre y doctor de la iglesia católica que en vida tuvo que sortear una gran cantidad de dolor y sufrimiento que lo hizo caer en fases de depresión y dolor, pero que encontró en el amor a Dios una salida viable y confiable a sus problemas. Oh, San Agustín, nuestro padre y maestro, que conoce los brillantes caminos de Dios y también los caminos torcidos de los hombres, admiramos las maravillas que la gracia divina ha funcionado en ti, convirtiéndote en el perfecto testigo apasionado de la verdad y la bondad al servicio del prójimo. Hoy me pongo en tus manos para que me guíes hacia metas de paz, y me enseñes a no abandonar nunca mi búsqueda de la verdad, en la certeza de que al final mis esfuerzos serán recompensados por el encuentro satisfactorio con la Suprema Verdad, que es la fuente de toda verdad creada. Te suplicamos humildemente, oh San Agustín tres veces bendecido, que te acuerdes de nosotros, pobres pecadores, en este día, cada día, y en la hora de nuestra muerte, para que por tus méritos y oraciones podamos ser liberados de todos los males, tanto del alma como del cuerpo, y del aumento diario en virtudes y buenas obras. Obténganos para que conozcamos a nuestro Dios y nos conozcamos a nosotros mismos, para que en su misericordia nos haga amarle más que a todas las cosas de la vida y de la muerte; impártenos, te los suplicamos, alguna parte de ese amor con el que tan ardientemente resplandeces, para que nuestros corazones se enciendan con ese amor divino, partiendo felizmente de este peregrinaje mortal, y merezcamos alabar el corazón amoroso de Jesús por una eternidad interminable. Amén.
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